¡Europa claudicará; sino vuelve a reconocer a Dios!

Feat: @DanielCorzo1

danielhernandocorzo@hotmail.com

En estos días me encontraba en una encrucijada, cuando me piden escribir acerca de Europa y su situación actual, gracias a Dios en mi búsqueda por comprender un poco más sobre la geopolítica de este continente, encuentro un suculento libro de George Weigel, Política sin Dios, que fervorosamente les recomiendo.

En él me tropiezo con una cita del escritor e historiador ruso  Aleksandr Solzhenitsyn que logra explicar brevemente la razón del mal que corre Europa: “Los fallos de la conciencia humana, privada de su dimensión divina, han sido un factor determinante en todos los mayores crímenes de este siglo, que se iniciaron con la Primera Guerra Mundial, a la que se remontan la mayor parte de nuestras desgracias. Esa guerra […] se produjo cuando Europa, que por entonces gozaba de una salud excelente y nadaba en la abundancia, cayó en un arrebato de automutilación que no pudo más que minar su vitalidad a lo largo de, por lo menos, todo un siglo y quizá para siempre. Esa realidad sólo puede explicarse por un eclipse mental de los líderes de Europa, debido a la pérdida de su convicción de que, por encima de ellos, existía un Poder Supremo”.

Las palabras de Solzhenitsyn, que explican la progresiva decrepitud de Europa a lo largo del siglo XX, adquieren una significación aún más nítida y dolorosa en los albores del siglo XXI. Una civilización sólo es grande cuando la animan ideas trascendentes. La magnitud de los logros culturales alcanzados por un pueblo depende de la altura de sus aspiraciones espirituales.

Basta contemplar el páramo espiritual de la Europa contemporánea, donde un día floreció la más elevada forma de civilización, para entender que su fin está próximo. No hará falta que ningún ejército islámico la invada y conquiste; bastarán unas cuantas bombitas, sabiamente dosificadas aquí y allá, para que Europa se entregue definitivamente a “ese arrebato de automutilación”  al que se refería Aleksandr.

Europa capitulará porque ha renegado de Dios, porque cada vez un mayor número de europeos, desgajados del patrimonio que la historia les ha confiado, carecen de raíces espirituales. Este vacío interno se plasma en un desdén por la ética y la correspondiente obsesión por los privilegios y los intereses personales. Una sociedad cuyo único objetivo es su propia satisfacción acaba destruyéndose a sí misma.

Existe un vínculo directo e indisoluble entre la fe y la voluntad de futuro. Sin fe no hay futuro. Habiendo renegado de Dios, Europa carece de recursos imaginativos y morales para mantener su civilización; carece, incluso, de razones convincentes para perdurar. La relativización del Derecho (convertido en mero instrumento legal para la satisfacción de caprichos, sin fundamentos inmanentes), la fascinación por el suicidio y la eutanasia, las cifras industriales de abortos, el estancamiento demográfico, etcétera, son fenómenos automutiladores que revelan una profunda crisis moral, una descomposición acelerada de los cimientos sobre los que durante siglos se ha sostenido nuestra civilización.

El hombre europeo ha llegado al convencimiento de que, para ser moderno y libre, tiene que ser radicalmente secular. Esa convicción ha tenido consecuencias letales para la vida pública europea y para su cultura, convertida hoy en un aguachirle relativista.

Los padres fundadores de la Unión Europea -Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi, Robert Schumann, Jean Monnet- eran todos hombres espirituales que concebían la integración europea como un proyecto de civilización cristiana. Hoy, ese soñado proyecto ha degenerado en una burocracia cristofóbica. Como decía el salmista, “si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los constructores” Salmo 127:1. Europa claudicará, salvo que salga de su eclipse mental y vuelva a reconocer a Dios.

Es por ello que la primera ministra alemana dijo que Europa necesita volver a sus raíces y volver a conectar con Dios y la Biblia para sortear la crisis actual europea.

En una reciente conferencia en la Universidad de Berna, Suiza, se le pregunto sobre el peligro que los musulmanes representan para Europa y el conflicto potencial planteado por extremistas. La respuesta de la primera ministra alemana, considerada no solo la mujer más influyente de Europa, como lo señaló The Economist, sino también la más poderosa del mundo, según Forbes, fue inesperada para muchos, porque parecía haber venido de un líder religioso, no de un liderazgo político, como se ha acostumbrado.

Merker que es doctora en física e hija de pastor, sugiere que las personas deben volver a la tradición de asistir a un servicio de la iglesia y tener algunos fundamentos bíblicos inquebrantables. “Muchos no tienen comprensión de los conceptos cristianos como el Pentecostés” añadió, hablando sobre el abandono de la fe de los europeos.

En el actual debate sobre el Islam y la identidad de Europa, Merkel dijo que volver a la Biblia “nos puede llevar a ocuparnos otra vez de nuestras propias raíces y llegar a conocerlas mejor,” preparando al continente para hacer frente a las diferencias con los musulmanes.

Al final, de acuerdo con información de Evangelical Focus, Merkel habló una vez más las cuestiones de fe y dijo que le gustaría ver más gente ir a las iglesias y aprender sobre el mensaje del Evangelio: “tengo que ser muy honesta. Todos tenemos la oportunidad y la libertad de tener nuestra religión, practicar y creer en ella. Me gustaría ver a más personas que tienen el coraje de decir: ‘Yo soy un creyente cristiano’. Y más personas que tienen el coraje de entablar un diálogo” dijo la Ministra, recordando el mensaje predicado por Jesús.

Por ultimo queda claramente la veracidad de los hechos y la palabra fidedigna de la biblia cuando en Juan 15:5 explica con mayor facilidad no solo la causa de la crisis Europea, sino la causa de todas las crisis: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer”.

 

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